martes, 20 de agosto de 2013

ETICA SOCIAL

Uno de los rasgos esenciales de nuestra existencia es vivir en sociedad. Y la conducta humana en esta relación social es estudiada por la ética social. Que el hombre es un ser social por naturaleza se comprueba fácilmente: solo en sociedad el hombre alcanza su pleno desarrollo.

Evolutivamente, en principio, aparece una comunidad natural, es decir, una agrupación humana originada a partir de la realidad de la vida, de la disposición de ánimo, del sentimiento, la conciencia y la voluntad moral para vivir en sociedad. Son comunidades naturales la familia y la nación. Otros grupos intermedios, naturales o no, se constituyen por compromiso o contrato, regidos con normas, con una función y objetivos para engrandecer la vida en sociedad. Estos son las asociaciones libres. Pero la sociedad civil, en general, es la agrupación de personas, familias y grupos intermedios que pueden alcanzar con suficiencia, los bienes necesarios gracias a la cooperación estable de todos, con independencia y soberanía, promocionando el bien común.

Así como hay sociedad, hay sociedades, y la independencia y soberanía son valores relativos, pues entre ellas deben establecer relaciones armónicas a veces interdependientes para garantizar el bien común de la humanidad. El fin de la sociedad es que toda persona alcance el pleno desarrollo –felicidad en lo temporal y eterno, sin que tal finalidad se oponga al bien común, sino que colabore en realizarlo.

En la sociedad es indispensable la autoridad pues determinará y organizará las actividades hacia el fin común. El origen de la autoridad está en la ley divina y en la ley natural: Dios la ha instalado y la estructura social requiere por naturaleza un principio ordenador. Los objetivos de la autoridad son: Estímulo y coordinación de los esfuerzos individuales en el logro del bien común y en el respeto a la libertad personal y grupal, dentro del estado de derecho.

Las autoridades son elegidas libremente, pero la legitimidad de la autoridad en cuanto tal, es de institución divina: La autoridad viene de Dios. Por eso mismo, deben ejercer la función en forma análoga al creador, respetando la libertad y dignidad de la persona y llevándolo al bien común. En ese s3ntido hay que obedecer a las autoridades legítimamente establecidas. Pero si la autoridad es contraria a la ley divina y natural, no hay porqué obedecerle; pues, al abuso de poder lo justo es no obedecer.

El bien común es la suma de condiciones de vida mediante las cuales el hombre, familia o grupo, consigue con facilidad su propia perfección. Por ello, la Iglesia como promotora de la ética social, destaca los siguientes aspectos del bien común: Respeto al orden natural, dignidad de la persona humana, desarrollo integral de los pueblos, importancia de los derechos humanos, progreso material y espiritual de las naciones.

Este bien común tiene un inicio en la familia que es una comunidad natural de padres e hijos, que es la primera célula de la sociedad y que por lo tanto de la vida armónica familiar depende la vitalidad de las relaciones en la sociedad. El fin que persigue la familia es la procreación y educación humana y moral de los hijos unido a la plenitud y felicidad que conseguirá la pareja mediante el amor y ayuda mutua.  La raíz de la familia es el matrimonio cuya esencia y legitimidad está en el consentimiento libremente admitido por los cónyuges y que Cristo lo elevó a la categoría de sacramento.

Otro estamento encargado de velar y promocionar el bien común es el Estado. Es decir, el principio y fin de la comunidad política es el bien común. La política debe ordenar con rectitud los esfuerzos de todos y sus actividades, buscando la felicidad de cada uno. El estado es pues el responsable del bien común. Debe velar por la libertad, el orden, la justicia, además de dar a los hombres los bienes comunes que no pueden conseguir con sus propias fuerzas. Por otro lado, el estado debe subordinarse a lo moral. Pues el bien común no se logrará de otra manera y la justicia social, quedaría frustrada.

Entonces ¿Es justa nuestra sociedad peruana?

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